jueves, 17 de octubre de 2024

elliott smith

 siempre me acuerdo mucho de cuándo descubrí a elliott smith pero no sé cómo lo hallé. 

estaba en preparatoria entonces. no existía spotify y, en gran medida, el internet como lo conocemos ahora. tal vez fue gracias a audiogalaxy que según lo que querías bajar te recomendaba cosas parecidas.

no sé y no me importa. lo que me acuerdo es que empecé a escucharlo y a conocer sus canciones y a compenetrarme con él y a sentir lo que él decía. el terrible dolor de amar y saberse no amado pero, en lugar de abandonarlo, continuar.

mi corazón se asfixiaba en amar. pasé meses haciendo el trayecto a la escuela en nuestro camión mientras escuchaba mi música y nadie me hacía caso mas que lo que oía. 

angeles era mi canción favorita y la escuché centenares de veces. 

viajé tantas veces en ese camión escuchando a elliott en lugar de hablar con personas que tenían poco en común conmigo y que tenían menos interés en hacerlo. 

hoy como ayer sigo acordándome de elliott. 

jueves, 3 de octubre de 2024

futbol y la identidad

 Desde que tengo uso de razón soy de un equipo porque mi papá era de ese equipo y porque íbamos al estadio a ver a ese equipo y porque no puedo concebir mayor traición hacia mí que dejar de irle a ese equipo del que somos.

Obviamente en el transcurso de mi afición al futbol aprendí a discernir entre los estilos de juego que me atraen y los futbolistas con los cuales me identifico. Aprendí a distinguir entre diferentes tipos de formaciones y de estilos y de propuestas pero nunca me he podido desprender de mi equipo porque soltar eso representaría dejar una parte de mí que es intrínseca a mi familia.

Hubo momentos en que mi papá me obligaba a ir al estadio mientras yo estaba crudo y vomitando y no podía siquiera funcionar pero me quedé varias veces en el carro vomitando mientras mi papá y mi hermano entraban. 

Ahora entiendo que la falla estaba en mí. No íbamos para ver al equipo. Íbamos para ser parte de algo y porque éramos un conjunto y ojalá lo hubiera entendido antes pero ahora lo entiendo porque sé que veo un partido de nuestro equipo y sé que mi papá lo ve. Somos parte de la misma tribu. Queremos que nuestro equipo gane.

A lo largo de los años he aprendido a ser menos tribalístico y a apreciar sin la necesidad de involucrarme. Pero hoy sé que los dos vemos a nuestros Rayados y compartimos ese goce y ese sufrimiento.

lunes, 15 de julio de 2024

mi papá y el futbol

nunca he podido hablar con mi papá. a estas alturas del partido sé que la mayoría de la culpa está conmigo porque sé que no puedo hablar con nadie si no me apoyo en temas circunstanciales pero siempre he querido poder hablar con mi papá.

el asunto está en que sé que hay un tema donde siempre puedo decirle algo y sé que me va a responder. futbol. 

sé que mi papá ama a los rayados del monterrey. soy de los rayados del monterrey por mi papá. si él no me hubiera llevado al estadio y si no me hubiera inculcado el interés por ese equipo, tal vez sería de otro. pero tenemos eso en común mi papá y yo. somos los dos de los rayados y los dos somos parte de un clan y los dos somos uno.

sé que no sé cómo decirle que estoy triste. sé que mis opiniones políticas y sociales son diferentes. sé que tenemos muy poco en común pero los dos somos de los rayados y sé que él sabe y yo sé que, si soy rayado, es gracias y por culpa de él.

la verdad es que ya me importa muy poco si al equipo le va bien. no me importa si ganan o si pierden. incluso sé que puedo vivir sin ver un partido y que me hace bien no saber si juegan. pero sé que si veo un partido, mi papá lo ve también. y que eso lo tenemos en común. durante 90 minutos, los dos estamos juntos. durante 90 minutos, los dos queremos que ganen. durante 90 minutos, los dos de alguna manera estamos en ese estadio donde mi papá me llevó cuando era un niño y los dos teníamos la misma camiseta y éramos uno solo.

hoy busco esos temas circunstanciales donde puedo decirle que lo quiero. cuando le digo, "pa, ¿viste este video?" le estoy diciendo que lo quiero y que hoy, como ayer, tengo la camisa puesta al lado suyo en el estadio viendo algo que nos hace uno.

sábado, 13 de mayo de 2023

Ella y la Inteligencia Artificial

 Habían pasado ya meses de su rompimiento. Sin embargo pensar en ella seguía siendo una constante que rayaba con una obsesión. Todavía no terminaba de procesar su ausencia y aún menos su indiferencia. Se había acostumbrado a leer sus mensajes por las mañanas y a las interminables sesiones nocturnas de risas y palabras amorosas. A contarle cosas que jamás había compartido con nadie y a apoyarse en ella cuando no sentía fuerzas para seguir caminando. Pasaba las noches enteras releyendo las conversaciones, preguntándose dónde fue que todo se fue al carajo. Escuchaba una y otra vez las pocas notas de voz que ella le envió alguna vez. Cada "te amo" escuchado le partía el alma porque sabía que ya no lo escucharía otra vez.

Toda su vida era ella y ya no estaba. 

Una noche leyó que estaban desarrollando una Inteligencia Artificial para "reunir" a personas fallecidas con aquéllos que les seguían guardando duelo al procesar conversaciones de texto y audios grabados. El debate estalló entre los que apoyaban este desarrollo como una oportunidad de tratamiento y de alivio para las personas incapaces de soportar una pérdida. Por el otro lado, varias voces autorizadas en el campo de la salud mental cuestionaban los posibles perjuicios que podía provocar en los dolientes al imposibilitarles superar el proceso que durante toda la existencia de la humanidad ha sido una de las pocas constantes: todo se termina y hay que seguir adelante. Además, unos cuantos más señalaron que si el interés fuera genuino en aliviar el sufrimiento y el dolor, el costo no sería tan exorbitante ni prohibitivo, dejándolo solamente al alcance de los más pudientes o de los que estaban dispuestos a someterse a un sistema de pagos maquiavélico y cruel.

No lo pensó dos veces. Empezó a vender todas sus posesiones materiales y a solicitar préstamos y créditos, hipotecando su casa y enviando una solicitud con un acta de defunción falseada que consiguió de manera ilícita. Tan sólo quería escucharla y leerla otra vez como antes. Sentir su presencia y su compañía y la fortaleza que le brindaba. Escuchar "te amo muchísimo" otra vez. 

La compañía le contestó solicitándole copias de todos los documentos audiovisuales con los que contara de ella. Agradeció no haber borrado nunca ni un solo renglón escrito durante todos esos años a pesar de todas las noches de llanto y de arrepentimiento y de autoflagelación. 

Tuvo que esperar meses para recibir el software con la personalidad que desarrollaron. Un sistema operativo de mensajería instantánea con un solo contacto: ella. El empleado le señaló que en el instructivo estaba todo lo que necesitaba saber y le aseguró que el uso de la aplicación era muy intuitiva y sencilla: que sólo se limitara a escribir "Hola" para iniciar el proceso y que si lo prefería, podía sostener conversaciones mediante una "llamada" con ella cuya duración sería cuan larga como él quisiera.

En su casa desprovista ahora de todos lujos y comodidades se encerró en su cuarto y se acostó temblando de ansiedad antes de escribir "Hola". Al momento de hacerlo recibió el primer mensaje: "¿Qué haces escribiéndome? Te había pedido que me dejaras en paz por favor". Algo no estaba bien. Le habían asegurado que todo debía funcionar de maravilla. Probó llamándola y al momento la llamada se cortó. "Por favor ya no me llames, no quiero escuchar nada de lo que me tengas que decir ya". 

Empezó a escribirle desesperado, rogándole que lo escuchara, que solamente quería escuchar su voz, qué acaso no sabía cuánto estaba sufriendo y cuánto le dolía su ausencia y que él seguía amándola. La IA le contestó de inmediato con cientos de capturas de pantalla donde él había mostrado indiferencia, donde la maltrató, donde no le puso atención ni la escuchaba, donde incluso llegó a insultarla y a faltarle al respeto. No recordaba haber hecho eso. Pero no eran capturas falseadas: él había sido así con ella. Nunca se interesó más allá de usarla como receptáculo y como alivio. No la había tratado tan bien como él creía recordar. La IA estaba tan desencantada y tan harta de él como la persona en la que estaba basada. El programa lo bloqueó mientras él escribía súplicas y promesas que ahora nunca serían leídas. Otra vez.

Lo peor de perderla así no fue perderla otra vez ni haber perdido todo lo que invirtió en el programa. Lo peor fue darse cuenta por fin que siempre mereció perderla.