Si me pides que deje todo y vaya, lo haré. No inmediatamente. Hay muchas cosas que arreglar antes de dejarlo todo. A veces uno tiene una vida o algo que se le asemeja: trabajo, familia, amigos, hobbies, rutinas, cosas. Tampoco es que sean situaciones que no se pueden abandonar pero a veces cuesta porque empezar algo cuesta. También ilusiona pero éso es otro tema.
Necesito que me lo pidas. Necesito esa motivación y esa sensación de certeza que no se basa en la realidad sino en la ilusión. Es fácil decir "ven", casi lo es tanto como decirte que iré si es que me lo pides.
Si me pides que deje todo, no necesito que me prometas el equivalente en vida para dejar lo mío. No quiero conocer a tus amigos o a tu familia. No quiero que me ofrezcas nuevos hobbies y rutinas. Ni siquiera quiero que te me prometas. Nada más pídemelo e iré. Es un buen trato. Sin embargo, no prometo quedarme. No es que me guste errar sin norte. Tampoco es que desee establecerme en algún lugar. Pasa que ocupo saber que se trata de una elección consciente y al mismo tiempo impulsiva además de mutua. Lo que prometo es que bastará que me digas "ven" o "regresa" para estar ahí aunque sea por un rato, aunque sea para siempre.
Si me pides que deje todo y vaya, lo haré. A lo mejor inmediatamente. La única forma de saberlo a ciencia cierta es que me lo pidas. Después veremos si nos quedamos.
Generalmente, comentarios de futbol y temas de moda. A veces, personajes y eventos históricos relevantes para mi. En otras, cosas peores.
sábado, 13 de febrero de 2016
martes, 9 de febrero de 2016
A cuentagotas no
No te voy a decir que te voy a querer como nunca te han querido. Ni siquiera te voy a prometer que te voy a querer más de lo que alguna vez ya quise porque no creo que sea capaz de hacerlo y no quiero mentirte. Tampoco es que sea malo éso, eh. He querido y mucho, tanto como me han querido antes. Algo habré aprendido de querer, entonces. Tanto, espero, como tú has aprendido.
No te voy a prometer amor eterno porque capaz mañana no despierto y me vuelvo nada y ahí muere todo lo que siento. Ahí sí que para siempre. No es que quiera morir, tampoco. Hay muchísimas cosas que quiero hacer y de preferencia contigo. El problema es que nunca se sabe lo que va a pasar y sólo tenemos ahorita y ahorita sí que te quiero.
No te voy a decir que vamos a ser uno mismo. Tú ahí y yo acá. Tú en tu espacio y yo en el mío. Tú tan libre de ser como eras antes de mí y tan libre de crecer tanto como quieras para ti. Te prometo ayudarte a crecer en la medida de lo posible y siempre que tú me lo pidas. Ni tú ni yo somos un proyecto pero tampoco creo que estemos terminados. Hasta a la Mona Lisa la volvería a pintar Leonardo si pudiera.
No te voy a decir siempre todo lo que pienso. Tampoco quiero que seas adivina. No creo que quieras saber lo que a veces puede llegar a pasar por mi cabeza. No soy un monstruo pero soy yo. También a veces te escucharé decirme cosas que, te lo juro, no me van a interesar. Te prometo escucharte de forma educada pero a veces deseando fervientemente que termines tu historia y tu anécdota para hablar de otra cosa. No siempre será así pero a veces sí.
No te voy a dar la razón siempre. Si pienso que estás equivocada, te prometo que te lo haré saber. Repetidamente. Con lujo de detalles. Muy seguido, burlándome. Ocasionalmente, molesto. Rara vez, fastidiado. Nunca odiándote. Tienes todo el derecho de refutar, de burlarte y de pegarme pero no te voy a hacer fácil ganarme alguna discusión. Cualquier discusión. Te prometo que odiarás éso de mí.
No te voy a querer todos los días de la misma manera. A veces estaré de malas porque mi equipo perdió. A veces llevaré conmigo los problemas y preocupaciones del trabajo. En ocasiones solamente estaré de malas porque sí, porque puedo, porque quiero y no tengo que darte motivos siempre de ello. A veces me voy a fastidiar de ti y pensaré en por qué estoy contigo, en lo fácil que sería irme, en lo tentador que resulta aventarte por las escaleras y enterrarte en el patio junto con el perro que yo no quería. Te prometo que tan sólo lo pensaré y ahogaré esas fantasías con una cerveza o dos o tres. Eso sí: trataré de estar de buenas sin tratar. Me explico. Generalmente me pone de buenas imaginarte reír. Es en mi propio interés y beneficio hacer que eso ocurra. Esos días te querré un poco más, te abrazaré un poco más y te diré más cosas lindas que los demás. Esperemos sean los más.
No te prometo cogerte como nunca te han cogido. No me interesa saber cómo te han cogido o si has cogido antes o si soñaste coger con un actor, futbolista o vecino. No te prometo que no se vuelva una rutina o que no te diga que hoy no, que estoy muy lleno/me duele la cabeza/tengo sueño/no tengo ganas. Te prometo sinceramente que nunca te diré que hagamos el amor. Te prometo que siempre que te coja, lo haré pensando en nuestra satisfacción. Te prometo besarte mucho mientras te cojo. A veces te diré putita. No lo tomes a mal. Es otra forma de decir que te quiero.
Sobre todas las cosas, te voy a querer a lo bruto. Te voy a querer a lo estúpido porque así me gusta. Te voy a querer como un río que se desborda sobre sí mismo, deseoso de comerse la tierra que lo rodea, besándola, lamiéndola y llenándola de sí. Te voy a querer como si el mundo se fuera a acabar hoy. Te voy a querer en mundos infinitos. Te voy a querer como si sólo existiéramos tú y yo. Te voy a querer convencido de que quiero quererte. Te voy a querer lleno de contradicciones. Te voy a querer como nunca te han querido, te voy a querer eternamente, te voy a querer queriendo fundirme contigo, diciéndote siempre todo lo que pienso sin callarme nada, dándote la razón para que te calles y queriéndote y agradeciéndote cada minuto, cada hora, cada día. Te voy a coger como nunca te han cogido y nunca, nunca, nunca te voy a querer a cuentagotas.
domingo, 15 de noviembre de 2015
Si hubiera.
Todos los días se presentan miles de posibilidades que determinan qué es lo que nos sucede. La enorme mayoría de las decisiones ni siquiera las tomamos desde un punto de vista consciente, solamente dejamos y permitimos que ocurran de cierta manera. Anoche me desvelé leyendo la entrada en Wikipedia sobre Phil Heath y Kai Green, dos fisicoculturistas estadounidenses que sostienen una férrea rivalidad en la competición de Mister Olympia porque antes vi el documental "Generation Iron" desde la comodidad de mi cama mientras intermitentemente revisaba mi timeline en Twitter. Hoy me desperté tarde por ello. Me desperté porque mi vejiga estaba llena porque no fui a orinar antes de dormir y me zampé un vaso de Coca-Cola con hielos antes de dormir. También me gruñía el estómago porque en la madrugada sentí hambre pero no sabía qué comer y no quise salir a comprar unas papitas porque ya era tarde, hacía frío y estaba lloviendo.
Bajé a la cocina y no había nadie en la casa. Por un lado, ello era bueno porque pude dormir hasta la hora que quise. Por otro, era malo porque pude dormir hasta la hora que quise y ya eran casi las 2 pm y se me estaba yendo el día y la vida sin hacer nada. Bajé a la cocina, pues, y me di cuenta que había barbacoa fría pero no había ya refrescos así que primero que nada fui a comprarlos. Al regresar calenté la carne para desayunar-comer; no calenté tortillas porque tenía hambre pero más flojera.
Decidí subir a mi cuarto porque la televisión de la sala estaba ocupada por mi hermana, su esposo y su pequeña bebé. En mi cuarto hacía frío así que elegí tomar una cobija mas sin encender la calefacción porque a) gasta mucha energía y b) tiene un tiempo indeterminado sin funcionar el aparato.
A partir de ahí ya no decidí. Solamente estuve acostado, bajando periódicamente para jugar con la bebé y para servirme más refresco. La desidia, pereza o la apatía me eligieron a mí y no hice nada. No salí de mi casa. No hice nada de "provecho". No sostuve alguna conversación edificante o constructiva. Permití que el día se me fuera en nada y tampoco es que sienta un arrepentimiento muy profundo porque nadie me dijo nada. Nadie me regañó o me llamó la atención o me dijo que estoy desperdiciando mi vida, mi potencial, mis talentos y mi tiempo. Si nadie te dice nada, no tienes por qué enfrentarlo.
Y yo sé que no tomar decisión alguna es decidir un camino también. Permitir que la vida suceda sin plantarle cara es decidir esconderse y no se vale quejarse de lo que sucede por nuestra inactividad.
El problema no es el durante. Las cosas pasan y uno puede dejarse llevar por la inercia de las cosas sin recapacitarlo. Hoy pasó, mañana no... hasta que pasa otro día y otro día y otro día y ya no se puede romper el vicio y ya no se puede reparar lo roto y todo se pierde. Pero mientras pasa, mientras nadie te obliga a confrontarlo, no tienes por qué pensarlo y toda posibilidad es válida. El problema no es entonces. El problema llega después, cuando las consecuencias llegan y uno tiene que explicarse por qué hizo las cosas así, por qué no de otra manera. Si hubiera sido asertivo, si hubiera decidido un camino diferente, si hubiera hablado antes, si hubiera dicho las cosas con más convicción, si no hubiera dicho aquéllo, si hubiera sido honesto, si hubiera dicho que estaba viendo al mismo monstruo de siempre y que no sabía cómo enfrentarlo, que me estaba comiendo las entrañas y no tenía con quién hablarlo porque nadie quiere asustar a los demás, nadie quiere decir que se quiere morir, nadie quiere decir que la vida y las fuerzas y la motivación se le están yendo porque entonces te miran como loco, o peor, te miran como queriendo decirte "pobrecito". Uno ya siente suficiente lástima y tristeza por sí mismo como para agregarle la tristeza y lástima de los demás. O peor aún, nadie siente nada, nadie entiende, todo está bien, tienes gente que te quiere, tienes salud, no tienes por qué estar triste, no tienes por qué estar deprimido, el problema es que no valoras lo que tienes y nunca has sufrido carencias, no sabes lo afortunado que eres, deberías dar gracias antes que quejarte, si todo es tan sencillo: sal, conoce gente, sonríe, tu actitud determina lo que consigues y las respuestas que generas en los demás, la felicidad está en ti mismo, es un camino y no una meta, sonríe, sonríe, sonríe, la gente te quiere y no importa que uno se ahogue en su soledad y que no puedas hablar y que prefieras no hablar y que todo sea tan amargo, tan oscuro, tan tonto y patético porque sabes que no deberías estar triste, no existe motivo racional alguno para estarlo y es vergonzoso que lo estés pero lo estás y no sabes ni cómo decirlo entonces mejor no lo dices.
El problema es ahora cuando todos los hubieras no importan, son irrelevantes pero no dejas de pensar en ellos, en todo lo que pudo haber sido y no es. Hay mil caminos posibles a priori pero qué chingados importa si en este universo, en esta vida, solamente conocemos uno y es el que caminamos, el que elegimos y nos elige. No queda otra que tratar de sonreír, mirar el gran plato de caca que tenemos enfrente y empezar a comer.
Bajé a la cocina y no había nadie en la casa. Por un lado, ello era bueno porque pude dormir hasta la hora que quise. Por otro, era malo porque pude dormir hasta la hora que quise y ya eran casi las 2 pm y se me estaba yendo el día y la vida sin hacer nada. Bajé a la cocina, pues, y me di cuenta que había barbacoa fría pero no había ya refrescos así que primero que nada fui a comprarlos. Al regresar calenté la carne para desayunar-comer; no calenté tortillas porque tenía hambre pero más flojera.
Decidí subir a mi cuarto porque la televisión de la sala estaba ocupada por mi hermana, su esposo y su pequeña bebé. En mi cuarto hacía frío así que elegí tomar una cobija mas sin encender la calefacción porque a) gasta mucha energía y b) tiene un tiempo indeterminado sin funcionar el aparato.
A partir de ahí ya no decidí. Solamente estuve acostado, bajando periódicamente para jugar con la bebé y para servirme más refresco. La desidia, pereza o la apatía me eligieron a mí y no hice nada. No salí de mi casa. No hice nada de "provecho". No sostuve alguna conversación edificante o constructiva. Permití que el día se me fuera en nada y tampoco es que sienta un arrepentimiento muy profundo porque nadie me dijo nada. Nadie me regañó o me llamó la atención o me dijo que estoy desperdiciando mi vida, mi potencial, mis talentos y mi tiempo. Si nadie te dice nada, no tienes por qué enfrentarlo.
Y yo sé que no tomar decisión alguna es decidir un camino también. Permitir que la vida suceda sin plantarle cara es decidir esconderse y no se vale quejarse de lo que sucede por nuestra inactividad.
El problema no es el durante. Las cosas pasan y uno puede dejarse llevar por la inercia de las cosas sin recapacitarlo. Hoy pasó, mañana no... hasta que pasa otro día y otro día y otro día y ya no se puede romper el vicio y ya no se puede reparar lo roto y todo se pierde. Pero mientras pasa, mientras nadie te obliga a confrontarlo, no tienes por qué pensarlo y toda posibilidad es válida. El problema no es entonces. El problema llega después, cuando las consecuencias llegan y uno tiene que explicarse por qué hizo las cosas así, por qué no de otra manera. Si hubiera sido asertivo, si hubiera decidido un camino diferente, si hubiera hablado antes, si hubiera dicho las cosas con más convicción, si no hubiera dicho aquéllo, si hubiera sido honesto, si hubiera dicho que estaba viendo al mismo monstruo de siempre y que no sabía cómo enfrentarlo, que me estaba comiendo las entrañas y no tenía con quién hablarlo porque nadie quiere asustar a los demás, nadie quiere decir que se quiere morir, nadie quiere decir que la vida y las fuerzas y la motivación se le están yendo porque entonces te miran como loco, o peor, te miran como queriendo decirte "pobrecito". Uno ya siente suficiente lástima y tristeza por sí mismo como para agregarle la tristeza y lástima de los demás. O peor aún, nadie siente nada, nadie entiende, todo está bien, tienes gente que te quiere, tienes salud, no tienes por qué estar triste, no tienes por qué estar deprimido, el problema es que no valoras lo que tienes y nunca has sufrido carencias, no sabes lo afortunado que eres, deberías dar gracias antes que quejarte, si todo es tan sencillo: sal, conoce gente, sonríe, tu actitud determina lo que consigues y las respuestas que generas en los demás, la felicidad está en ti mismo, es un camino y no una meta, sonríe, sonríe, sonríe, la gente te quiere y no importa que uno se ahogue en su soledad y que no puedas hablar y que prefieras no hablar y que todo sea tan amargo, tan oscuro, tan tonto y patético porque sabes que no deberías estar triste, no existe motivo racional alguno para estarlo y es vergonzoso que lo estés pero lo estás y no sabes ni cómo decirlo entonces mejor no lo dices.
El problema es ahora cuando todos los hubieras no importan, son irrelevantes pero no dejas de pensar en ellos, en todo lo que pudo haber sido y no es. Hay mil caminos posibles a priori pero qué chingados importa si en este universo, en esta vida, solamente conocemos uno y es el que caminamos, el que elegimos y nos elige. No queda otra que tratar de sonreír, mirar el gran plato de caca que tenemos enfrente y empezar a comer.
martes, 1 de septiembre de 2015
No es tan difícil ser buena onda
No es tan difícil ser buena onda. El problema es que resulta trabajoso. Implica esfuerzo porque nos obliga a abandonar nuestra visión de la realidad como única, inamovible e imperturbable. Nos fuerza a aceptar otros puntos de vista como válidos. Y nos planta un espejo frente al cual resulta imposible esconder nuestros defectos.
Mira alrededor. Siempre hay gente.
Paradójicamente, gente que brilla por sus defectos y errores en nuestros radares. Allá se ve el pendejo que engañó a su novia. Allá va la puta que se besó con tres en una fiesta. Desde aquí se ve el joto que critica a todos a sus espaldas. Ahí va el niñato que no deja de hablar de su amor imposible. Mira, la perra que se levanta por cabrona pero no habla de su hijo. Ahí está el que nunca deja de mirar su celular mientras el resto convive. Ahí está el que manda todas las cadenas pendejas en grupos de WhatsApp. Ahí el comediante de Internet. Ahí el que se burla del comediante de Internet. Ahí el que no sabe qué quiere pero aparenta. Ahí el que sabe qué quiere pero quiere pura mamada. Ahí la gorda que siempre está a dieta. Ahí la que se cree buena pero está bien culera. Ahí la diosa que nunca te contesta. Ahí el pendejo que te humilló cuando estabas en primaria y ahora no se acuerda de ti.
El problema es reconocer que siempre es más fácil encasillar a la gente para distanciarnos. Es menos trabajoso asignar papeles monotemáticos como si se tratara de un casting en una pinchurrienta película hollywoodense. Nos ahorra el desgaste de vincularnos con otra persona, con otro ser humano que piensa, que siente, que acierta, que la caga y que existe. Mejor simplificarlos para evitar pensar que en otro momento hemos sido ellos. Que en otro momento hemos actuado tal y como ellos lo han hecho y que tal vez ésa es la razón por la cual sus comportamientos nos resultan repelentes e insoportables. Tal vez esa persona en la cual no puedes dejar de pensar porque detestas lo que hace, cómo lo hace, lo que dice y cómo lo dice, su forma de andar, su forma de mirar, su pinche anhelo de algo te recuerda terrible e insoportablemente que a veces tú también piensas así.
No. Son mamadas. Míralo. No se parece nada a ti. Tú no eres como él. Él es un extra, un actor de reparto, si bien. Tú eres el protagonista.
Respira tranquilo.
Mira alrededor. Siempre hay gente.
Paradójicamente, gente que brilla por sus defectos y errores en nuestros radares. Allá se ve el pendejo que engañó a su novia. Allá va la puta que se besó con tres en una fiesta. Desde aquí se ve el joto que critica a todos a sus espaldas. Ahí va el niñato que no deja de hablar de su amor imposible. Mira, la perra que se levanta por cabrona pero no habla de su hijo. Ahí está el que nunca deja de mirar su celular mientras el resto convive. Ahí está el que manda todas las cadenas pendejas en grupos de WhatsApp. Ahí el comediante de Internet. Ahí el que se burla del comediante de Internet. Ahí el que no sabe qué quiere pero aparenta. Ahí el que sabe qué quiere pero quiere pura mamada. Ahí la gorda que siempre está a dieta. Ahí la que se cree buena pero está bien culera. Ahí la diosa que nunca te contesta. Ahí el pendejo que te humilló cuando estabas en primaria y ahora no se acuerda de ti.
El problema es reconocer que siempre es más fácil encasillar a la gente para distanciarnos. Es menos trabajoso asignar papeles monotemáticos como si se tratara de un casting en una pinchurrienta película hollywoodense. Nos ahorra el desgaste de vincularnos con otra persona, con otro ser humano que piensa, que siente, que acierta, que la caga y que existe. Mejor simplificarlos para evitar pensar que en otro momento hemos sido ellos. Que en otro momento hemos actuado tal y como ellos lo han hecho y que tal vez ésa es la razón por la cual sus comportamientos nos resultan repelentes e insoportables. Tal vez esa persona en la cual no puedes dejar de pensar porque detestas lo que hace, cómo lo hace, lo que dice y cómo lo dice, su forma de andar, su forma de mirar, su pinche anhelo de algo te recuerda terrible e insoportablemente que a veces tú también piensas así.
No. Son mamadas. Míralo. No se parece nada a ti. Tú no eres como él. Él es un extra, un actor de reparto, si bien. Tú eres el protagonista.
Respira tranquilo.
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