jueves, 2 de junio de 2022

la crítica

 Se dice, parafraseando, que "el que no sabe hacer, critica" y siempre me ha parecido una crítica muy burda y simplona a los que se dedican a eso. No es que lo recomiende pero, ¿alguna vez han leído una crítica musical en Pitchfork? Hace poco leí un tuit que comentaba al respecto y, argumentaba, "pareciera que escucharon un disco completamente diferente" porque la manera en que se expresan sobre algo tan complejo como lo es la música obviamente puede tener un grado de sofisticación o, si quieren llamarlo así: muy de mamador. Pero la crítica puede ser tan sencilla también como decir "me gustó" o "no me gustó", sin necesidad de profundizar.

Es como cuando se habla de futbol: todos somos directores técnicos de sofá y qué pendejos están todos los demás. No sólo eso: los weyes y weyas que viven de hablar sobre los deportes resultan ser unos estúpidos que no saben absolutamente nada de nada. Los mismos futbolistas que se dedican a analizar o comentar en su carrera post-deportiva terminan demeritando las opiniones de tanto aficionados como analistas porque, pues, nunca patearon un balón ni jugaron futbol profesionalmente. En lo único que todos estamos de acuerdo, aparentemente, es que, como dije antes: nadie sabe nada de nada. A excepción de mí.

La verdad es que determinar por qué nos gusta o no nos gusta algo es sano y es digno de dedicarle el tiempo y el poder de raciocinio. Compartirlo, no tanto pero creo que es algo característico de nuestros tiempos. 

En lo personal, no me gusta ser criticado ni analizado. Más aún: no considero necesario que me digan mis peores defectos o mis taras más grandes ni mis cualidades porque ya los conozco. 

Siempre me han molestado las correcciones a terceros cuando les falta tacto y compasión. Siempre he pensado que las correcciones se hacen a puerta cerrada y con muchísima empatía. Vaya, como te gustaría que te corrigieran o te llamaran la atención a ti. 

El problema es que en este medio no hay mucho espacio para la empatía y mucho menos para la compasión. Entonces ya tiene rato que yo no critico directamente y mucho menos cuando lo que se hace es "malo" desde mi percepción meramente por falta de calidad, whatever that means. Lo que sí critico y creo que es meritorio de señalar es todo lo que se hace con malicia y con maldad, sea o no poseedor de calidad. 

Porque otra cosa que siempre he pensado y que pensaré es que lo único que me parece peor que la maldad es la pinche indiferencia.

martes, 26 de abril de 2022

el autoconcepto, ese concepto

 «Te advierto, quien quiera que fueses, ¡Oh! Tú que deseas sondear los arcanos de la Naturaleza, que si no hallas dentro de ti mismo, aquello que buscas, tampoco podrás hallarlo fuera.

Si tu ignoras las excelencias de tu propia casa, ¿Cómo pretendes encontrar otras excelencias?

En ti se halla oculto el tesoro, de los tesoros.

¡Oh! Hombre, conócete a ti mismo y conocerás al Universo y a los Dioses».


Siempre se menciona la frasecita de "conócete a ti mismo" del Oráculo de Delfos como un aforismo para alcanzar un grado de sabiduría superior. Como si fuera tan fácil. Creo que es de las cosas más complicadas de lograr y que acaso solamente atisbamos de vez en cuando nuestra realidad, cruda y sin matizarla a nuestro favor. Después de todo, ¿quién quiere ser el malo de su propia historia?


En retrospectiva, puedo ver todas las veces que he hecho cosas que he ido enterrando en mi subconsciente para vivir tranquilo. No han sido cosas tan terribles, me digo a sabiendas que si otro más lo hubiera hecho, no sería tan tibio en mi juicio. Tampoco han sido cosas tan terribles, me repito, porque soy humano y conozco mil historias en las que muchos han hecho cosas igual o peor que las que he cometido. Me repito y me repito y me repito.


Decía Juanga que él no era monedita de oro pa' caerle bien a todos y pues yo menos. Pero cómo quisiera serlo. Por eso me sorprende y me duele a veces enterarme de lo que otros piensan sobre mí. Preferiría no saber, no enterarme, seguir viviendo en mi ignorancia. ¿Qué es lo que dije o hice o escribí o supiste sobre mí que te llevó a pensar mal? ¿Cómo pudiera hacerte cambiar de opinión?


Sin embargo, a estas alturas del partido, prefiero no desgastarme. El infierno es la otra gente y qué sufridera angustiarse a cada momento por lo que los otros piensan. No es que no me duela o no me sorprenda: es que me cala pero trato de convencerme de que no me debería doler para no darle importancia. 


Sin embargo, sé cómo soy. Mas bien: sé cómo quisiera ser. No me han faltado ejemplos o modelos a seguir. Pero no. Soy como soy y así me voy a morir. Parafraseando a Juanga.

sábado, 23 de abril de 2022

por qué no he escrito

Hace mucho que no escribo a pesar de que la gente que me quiere y que me conoce me han alentado a que retome el hábito. Me dicen que escribo bien, que les gustaba lo que hacía y decía y, la verdad, agradezco pero no les creo nada. Lo que sí es que me puse a pensar ahorita sobre por qué no lo he hecho y se me ocurrieron varias cosas.

Principalmente, creo sinceramente que no tengo el talento que quisiera tener. Nunca me ha gustado ser mediocre, al contrario, quiero ser el mejor en lo que hago y, si no lo soy o considero que no puedo serlo, prefiero dejarlo pasar. Reconozco que hay mil cosas mal en esa manera de pensar y este es mi intento de tratar de enfrentar esa manera tan mediocre de pensar. Pero no significa que no lo piense y que no lo sienta. Qué tanto puedo decir que no hayan dicho ya tantos genios de la literatura a lo largo de la historia. Pero, a pesar de ello, aquí estoy.

Otro punto que pensé es que para escribir uno tiene que tener algo qué decir. Con el paso del tiempo he aprendido a ser más reservado y más parco en lo que comparto. Siendo como soy tan asiduo a internet y en los últimos años al twitter, sé que he experimentado una involución en mi proceso escrito. Sé que antes "creaba" más, aunque fueran intentos de modificar fórmatos y de escribir "poetuits" (sic) (ugh). Ahora me limito a comentar sobre acontecimientos, criticar y compartir creaciones de todo tipo hechas por otras personas que me parece que vale la pena compartir. Fuera de eso y aplastar el botón de retuit, creo que no he escrito nada original en mucho tiempo. Probablemente también esté relacionado con el primer punto.

También creo que hay algo relacionado a la visibilidad que uno sufre cuando (se) expone ante un público. Es algo que vemos todos los días y con mayor frecuencia en los últimos años. Todo contenido está disponible para ser criticado y el contenido y calidad de la crítica depende completamente del que la emite y la gente que la emite muchas veces es insípida y/o cruel. Por ello, es frecuente y es fácil encontrar análisis insípidos y otros que se regodean en la crueldad para desbaratar lo que sea que se comenta. 

Finalmente, siempre se ha dicho que "escribas sobre lo que sabes" y he entendido esa recomendación muchas veces como "escribe lo que eres". Antes pensaba con cierta reticencia que la mayoría de la gente tiende hacia la bondad. La burra no era arisca, la hicieron, pues. Mi experiencia moldea mi perspectiva y ahora me parece increíble que alguien pueda confiar en la bondad ajena. El mundo en el que nos encontramos es cruel y apático. No hay transformaciones milagrosas y es preferible esperar lo peor para que el putazo duela menos. Por eso soy muy cuidadoso con lo que comparto sobre mí, sobre mi vida y sobre la gente que aprecio. Por lo menos trato de serlo. Porque sé que lo que soy no soy solamente yo sino también los que quiero y pienso que no vale mucho la pena ni es justo exponerlos.

Entonces, no sé sobre qué escribiré. No sé con certeza si voy a seguir escribiendo. Es algo que tengo que procesar y trataré de hacerlo porque en verdad creo que escribir tiene muchas funciones benéficas para el que escribe y para el que lee. Suficientes para ponerme a pensar por qué no había escrito en tanto tiempo. Suficientes para tenerme aquí hoy escribiendo. 

sábado, 23 de mayo de 2020

Jugadores talentosos

Los alumnos de quinto grado de primaria estaban jugando futbol durante el recreo. Los equipos se habían formado de la manera estándar: dos de los mejores jugadores empezaron a seleccionar en orden, uno a uno, según las habilidades futbolísticas de cada uno de sus compañeros como primer criterio y el segundo pero no menos importante: qué nivel de amistad existía. Nadie quiere ser seleccionado al último y si no eres talentoso, más vale ser simpático para evitarlo.

El niño nunca era seleccionado al final. Gran consuelo. Él sabía desde entonces que no valía la pena concebir sueños grandilocuentes sobre un futuro profesional. En una escuela donde no existían verdaderos atletas prodigiosos, estaba relegado a la mediocridad. ¿Qué utilidad tenía preocuparse por ser el perenne pescadote en un lago chiquito? Ninguna, éso estaba claro.

Pero era divertido jugar. Escuchar los gritos de los demás. Las burlas. La carrilla. A veces el balón impactaba el rostro de alguno de sus compañeros o, peor aún, los genitales y toda la clase estallaba en risas y burlas. Si te mantenías un poquito al margen, evitabas ser ese niño. Éso también lo sabía desde entonces.

Sabía también que no era bueno jugando por un motivo muy importante: pensaba mucho: tenía que observar el balón mientras lo tenía en sus pies para asegurarse de no perder el control; tenía que decidir con qué parte del pie golpearlo para darle el efecto y la fuerza necesaria para enviarlo a donde quería; tenía que medir la distancia entre él y los obstáculos hacia la portería y de que manera podía evitarlos. Además de el pensamiento de temor constante que lo asolaba: ¿y si te caes? ¿y si te golpean? 

Podía ver a los que jugaban bien y podía entender por qué: no parecían pensar. Sus movimientos eran fluidos, no mecanizados. La cancha, el balón y sus pies trabajaban en conjunto sin aparente esfuerzo. Eran medianamente talentosos entre un grupo de niños mediocres. Ninguno de ellos lo suficiente como para permitirse soñar y, sin embargo, probablemente lo hacían. A veces, a los ojos del niño, parecían artistas. Hacían ver fácil lo que a él le resultaba complicado. 

Una vez lo sintió. El balón le cayó poco atrás de media cancha. El recreo ya iba a terminar y nadie le daba importancia ya al juego. Arrancó con la pelota sin pensarlo. Una finta. Siguiente. Un recorte. El pie quedó atrás. Un recorte al lado opuesto. Atrás. Nunca le había pasado ésto. Vio la cara del siguiente obstáculo y vio que sonreía sin malicia sino con empatía y gusto. Se dio cuenta que él también estaba sonriendo. Ya había tentado suficiente a la suerte. Golpeó el balón con la parte interna del pie y salió potente hacia la portería. El portero dio dos pasos atrás y brincó. La pelota golpeó en el travesaño y salió de la cancha. Todos lo miraron y sonreían. Él más. No hace falta ser talentoso para disfrutar.